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Jueves 25 de mayo de 2017

El regreso del nacionalismo

Sección
Opinión
Fecha
7 de noviembre de 2016

Jorge Fontevecchia *

Mientras la economía se hace cada vez más global, la caída del nivel de vida en los países más desarrollados hace a sus habitantes más nacionalistas.

No hace falta ir al hemisferio norte para encontrar ese nacionalismo xenofóbico: el martes pasado, un argentino fue asesinado en Bahía por quien lo acusó de quitarles el trabajo a los brasileños. El argentino, Marcelo Rey, era cajero en el Bar do Peter, que tenía la doble bandera brasileña y argentina en su cartelería (ver foto). Un borracho lo mató en el bar competidor, llamado Pedra sobre Pedra. No se trata de algo habitual, porque los pueblos de Argentina y Brasil no se ven a sí mismos como amenazas laborales ya que los salarios de ambos lados de la frontera son igualmente bajos y la rivalidad notoria se canalizó por el fútbol. Pero sí es el caso de Argentina con sus otros países limítrofes cuyos salarios son menores, lo que controversialmente salió a criticar el senador Pichetto esta semana: “El problema de la cultura igualitaria” es hacer que fuéramos el “ajuste social de Bolivia y el ajuste delictivo de Perú (...) Las principales villas de la Argentina están tomadas por peruanos y la Argentina incorpora toda esta resaca”.

En el caso de Estados Unidos, los salarios menores vienen de México. El Economic Policy Institute de Estados Unidos, vinculado a los sindicatos y citado por Trump, estimó que se acercan a un millón de empleos de norteamericanos los perdidos y mudados a México desde la vigencia del Tratado de Libre Comercio entre ambos países, en 1990. El ejemplo más notorio es el de la industria automovilística norteamericana, que se mudó a México, dejando a Detroit como una ciudad fantasma. En Argentina varios sindicalistas también advirtieron que las inversiones externas y la apertura económica terminarán reduciendo los puestos de trabajo.

Mientras haya crecimiento no hay xenofobia, que se dispara siempre a partir de una recesión. El gobierno de Macri justifica ser uno de los más optimistas con la globalización, cuando en muchos países se generan movimientos antiglobalización, porque Argentina está lejos de las problemáticas de los países desarrollados, de sueldos altos, y al revés de esos países, Argentina tendría mucho para ganar con la globalización.

Esa no es la situación de Estados Unidos, donde una de las predicciones de George Friedman para este siglo considera la posibilidad hasta de una guerra, aunque pacífica, entre México y Estados Unidos, que comparten una frontera que representa un límite político pero no cultural, y desde hace veinte años tampoco económico. A diferencia de otros inmigrantes, los mexicanos no están separados de su patria por océanos o miles de kilómetros. Viven en Estados Unidos sin perder los vínculos sociales con su país, en California, Arizona, Nuevo México y Texas, que funcionan como una prolongación de su patria, como lo fueron literalmente hasta 1830, cuando EE.UU. se los arrebató a México. En 1833 Inglaterra se apoderó de las islas Malvinas porque tanto Estados Unidos como Inglaterra aprovecharon la debilidad de España y su ex colonias.

Friedman proyecta que en las próximas décadas México pasará de ser la 15ª mayor economía del planeta a la 5ª, que en ese devenir cambiará su Constitución haciendo que todos los hijos de mexicanos pasen a ser ciudadanos mexicanos plenos y así, como hacen España e Italia con quienes viven en los distintos países latinoamericanos, elegir senadores y diputados por los mexicanos que viven en California, Arizona, Nuevo México y Texas, para luego reclamar la devolución de esos territorios que, a diferencia de las islas Malvinas, además están poblados mayoritariamente por sus ciudadanos.

Aunque fuera política ficción, al decir Trump “mexicanos que se roban nuestros puestos de trabajo” y/o “nuestras fábricas”, se apoya en la paranoia de un robo anterior en el que Estados Unidos se quedó con la mitad de su territorio.

El regreso del nacionalismo tiene en cada país su fantasma: los inmigrantes mexicanos, los árabes o los de Europa oriental en Europa o, salvando las incomparables distancias, los bolivianos en Argentina para Pichetto. La inmigración y la globalización son buenas cuando hay crecimiento y malas cuando hay recesión. El regreso del nacionalismo es un síntoma de que la economía mundial está pasando por un ciclo de estancamiento, distinto y muy amortiguado pero comparable al de la década de 1930.

Pierda o gane Trump con su neonacionalismo, es un llamado de atención al capitalismo, que no pudo resolver la concentración de riqueza a partir de la extinción del comunismo, cuando como sistema se quedó sin competidor.

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