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Jueves 30 de marzo de 2017

Todos somos mexicanos

Sección
Integración
Fecha
1 de febrero de 2017

Jaime Duran Barba*

Nuestra especie apareció en Africa hace unos 200 mil años. No provenimos de dos monitos que se convirtieron en Adán y Eva, sino de miles de homínidos que evolucionaron durante decenas de miles de años hasta que apareció el Homo sapiens sapiens. Somos nómades porque tenemos una curiosidad exacerbada que nos lleva a explorar permanentemente nuevos horizontes. Salimos de Africa hace unos 60 mil años, y exterminamos a los demás seres humanos que existían. Tuvimos con ellos algunos descendientes híbridos que fueron fértiles y por eso hay pelirrojos que tienen algo de neandertales en su ADN mitocondrial y hay melanesios y samoanos que tienen genes denisovanos.

Finalmente, nos distribuimos por toda la superficie de la Tierra. No existen pueblos originarios europeos, asiáticos o americanos. Todos somos africanos que llegamos hace más o menos tiempo al sitio en que vivimos, pero algunos crearon mitos para afirmar que su pueblo era superior a todos los demás. Creyeron también que algunos individuos tenían relaciones con seres extraterrestres o que nacían superiores, con derecho a gobernar a los demás. Cuando nacían los hijos de los reyes les decían “altezas serenísimas”, y los de los maestros calificaban sólo para bajezas agitadísimas.

La Revolución Francesa trajo la idea de que los seres humanos somos iguales, aunque algunos fueron más iguales que otros. Las ideologías nacidas de la Revolución Industrial no incorporaron la defensa de las minorías sino hasta hace pocos años. Los socialistas luchaban por la justicia económica sin dar importancia a temas que consideraban “desviaciones pequeñoburguesas”. Cuando Pablo Lafargue fue candidato a concejal, su suegro Carlos Marx bromeaba con Engels acerca de su posible éxito porque el zoológico estaba en el barrio parisino en que competía.

La Internacional Socialista se fundó en 1889 cuando se celebraba el centenario de la Revolución Francesa, y estaban de moda los “zoológicos humanos”, en los que se exhibía a “salvajes” para que “la gente” se divirtiera observándolos. Ningún intelectual protestó cuando llevaron a la Torre Eiffel a 11 indígenas del pueblo selknam, de Tierra del Fuego, para exhibirlos. Durante las tardes la gente se divertía arrojándoles carne cruda, hasta que unos sacerdotes de la Missionary Society lograron que se los llevaran a Bélgica para seguir con el espectáculo. De los once indígenas secuestrados, solamente seis volvieron vivos a nuestra tierra.

Los racistas manipularon la historia para demostrar su superioridad sobre otros. La igualdad entre personas de distintas culturas es un valor liberal que no formó parte del ideario comunista. El nacionalismo es un mito por el que algunas personas suponen que el pueblo o la raza en la que nacieron es superior a los demás, porque ellos nacieron allí. Quienes más lo promovieron fueron extremistas que tenían problemas con sus orígenes. Stalin, georgiano, instauró un gobierno nacionalista ruso, desplazó a los tártaros de Crimea, a los alemanes de Koenisberg (se llama ahora Kaliningrado), y masacró a otras minorías nacionales. Hitler fue un austríaco con ascendientes judíos que provocó la Shoá y proclamó la superioridad de Alemania y de los arios. Siempre fueron de la mano con el nacionalismo la xenofobia y el racismo, componentes necesarios del pensamiento reaccionario.

Vivimos una época en la que se producen los mayores adelantos científicos de la historia, ensombrecida por el resurgimiento de valores nacionalistas que ponen en peligro el progreso de Occidente. Donald Trump, nieto de dos alemanes por parte de padre, hijo de una inmigrante escocesa y primer presidente norteamericano casado con una extranjera, cree ser la encarnación del norteamericano puro. Ha iniciado su gobierno expulsando del país a ciudadanos latinos, construyendo un muro para separar a Estados Unidos de México. Esta es una ofensa a la historia y a los mejores valores americanos. Todos somos africanos, pero frente a este atropello las personas que rechazamos el oscurantismo deberíamos decir “todos somos ahora mexicanos”.

*Profesor de la GWU, miembro del Club Político Argentino.

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