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Miércoles 18 de octubre de 2017

Corrupción como factor electoral

Sección
Opinión
Fecha
5 de junio de 2017

Jorge Fontevecchia *

Los candidatos actuales tienen en común prometerle a la sociedad la misma combinación de lo mejor de ambos campos: hacer y no robar.

Una forma de ordenar en categorías el mapa del sistema político argentino fue dividirlo alrededor de la polaridad entre progresistas (republicanos, institucionalistas, etc.) por un lado y populistas (decisionistas, movimientistas, etc.) por otro. Los primeros, preocupados por los valores; los segundos, por los bienes. Los primeros, integrados mayoritariamente por el radicalismo, y los segundos, por el peronismo.

Pero un proceso de hibridación fue desgastando estas dos identidades partidarias. Primero, por “la pata peronista” de la Alianza entre el Frepaso y la UCR en 1999, y luego por la transversalidad de Néstor Kirchner entre 2005 y 2009 al incorporar radicales y otros progresistas al Frente para la Victoria. No fue sólo resultado de los fracasos radicales en el gobierno nacional sino también del deseo del peronismo de ocupar ambos polos al mismo tiempo, tironeando extremos como Menem y Kirchner. Ese derrumbe existencial hizo que las dos principales representantes del progresismo –Carrió y Stolbizer– se hayan integrado a fuerzas que en el pasado consideraban de derecha o populistas, como Macri y Massa, aportándole a cada una de ellas una especie de vacuna de valores más un sello de garantía anticorrupción.

Una forma de ilustrar mejor ese nuevo mapa del sistema político argentino es apelar a una descripción más operativa de la polaridad no ya entre decisionistas y progresistas, sino entre quienes hacen y roban por un lado y quienes no hacen y no roban por el otro. Los “sí sí” y los “no no”.

Un plano así permite visualizar mejor por qué tanto Macri como Massa y Randazzo tienen en común prometerle a la sociedad la misma combinación de lo mejor de ambos campos: hacer y no robar. Ese posicionamiento se hace explícito en Cambiemos, y lo autopromueven como su ventaja competitiva. Pero lo mismo viene a decir Massa al prometer que no quiere ni un “gobierno de ladrones” ni uno que haga “sólo para ricos”. Y Randazzo, quien propone un poskirchnerismo integrado sólo por quienes no tengan causas judiciales por corrupción, diferenciándose del kirchnerismo clásico, que le niega importancia al tema de la corrupción.

Por qué el kirchnerismo no se preocupa políticamente por la corrupción (y sólo sí judicialmente) lo explicó Jaime Duran Barba durante una conferencia en la Universidad Católica Argentina esta semana, al decir: “Hemos investigado que más de la mitad de quienes son fanáticos de Cristina creen que era corrupta. Y les parece muy bien (...) Macri nació de un padre rico y tuvo la plata para hacer política desde antes de nacer. En cambio, ella era una mujer muy pobre, hija de un señor que manejó un colectivo, y obviamente tenía que conseguir dinero para hacer política. Está muy bien que Cristina haya conseguido dinero, el corrupto es Macri”, según esa lógica de apoyo K.

Electoralmente la corrupción ya no puede hacerle más daño a Cristina, porque la disculpan quienes igual la votarían y ya no la vota el resto. En cambio, la corrupción sí es un gran problema para Macri, porque la esencia de su promesa electoral es hacer y no robar. Si se demostrara que funcionarios importantes del gobierno de Macri roban, probablemente todo el armado electoral de Cambiemos se desmoronaría como se desmoronó la Alianza en 2000 a partir del caso de las coimas en el Senado. Por eso, para Macri, cualquier acusación que lo roza –Panamá Papers, Macair, el Correo, Arribas y Odebrecht– lo afecta tan profundamente.

Tanto Massa como Randazzo también le disputan a Macri capacidad de gestión. No es casual que lo que catapulta a Randazzo como aspirante a sustituto del kirchnerismo sea su eficacia con los trenes y la realización de documentos. Es más, Randazzo sostiene que el gobierno de Macri no lo hace tan bien como pregona y se promueve argumentando que es mejor gestor. Massa, como ya no tiene para impresionar con las cámaras de seguridad en Tigre como en 2013, busca mostrarse rodeado de un equipo de técnicos de lujo.

Al revés, Stolbizer y Carrió asumieron su posicionamiento abdicando de la gestión y concentrándose en la ética. Por eso la tensión siempre viva entre Carrió y cualquier denuncia sobre corrupción de un funcionario, familiar o amigo de Macri. Los radicales ya aportaron a Cambiemos prestigio republicano y poder territorial; es el PRO el que debe demostrar honestidad (y eficiencia económica).

En el caso Odebrecht, si se confirmara que 100% de las coimas las recibieron funcionarios kirchneristas, aunque sólo 10% de las coimas hubieran sido pagadas por la empresa que era del primo de Macri, Iecsa, alcanzaría para producirle al Gobierno un daño muy superior a lo proporcional. Quizás no comprendan la desproporción que genera estar en el poder a la hora de ponderar situaciones invirtiendo la frase bíblica que dice que una astilla en lo propio pesará más que una viga en lo ajeno. Sumado a que se diría que tanto su primo Calcaterra como Arribas fueron testaferros del propio Macri.

Vale repasar las declaraciones del periodista Hugo Alconada Mon al diario Los Andes de Mendoza sobre los Panamá Papers: “Que el Presidente no tuviera conocimiento de las maniobras fue un hecho intencionado. No le creo a Macri. Miren a Messi en España. El dijo ‘yo no sabía nada de los impuestos, se encargaba mi papá’ y la Justicia española lo condenó por lo que se denomina ‘ignorancia deliberada’. Vos no sabías porque no querías saber. El Presidente descarga toda la responsabilidad en su padre, Franco Macri, pero él ya era mayor de edad, era parte de un grupo empresario y por lo tanto a él le cabe una responsabilidad mínima de decirle ‘papá, ¿qué estoy firmando?”.

* Perfil.com

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