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Domingo 16 de diciembre de 2018

Tucumán tiene reservado un rol especial, si decide asumirlo

Sección
Integración
Fecha
3 de enero de 2018

Raúl Torres Zuccardi*

Tucumán se ofrece a nuestra vista como el resultado de la conjunción de diversos factores; como una recopilación de causas y una suma de efectos interrelacionados. Geografía y clima por un lado, y su gente, su historia, cultura, leyes e instituciones por otro.

Ambas configuran una problemática compuesta por estos dos grandes bloques que se han compenetrado hasta constituir el todo complejo y singular que habitamos. En suma, cómo una “arquitectura” -o mejor una comarca arquitecturizada- dicho en referencia a aquella cierta caracterización de las cosas, cualesquiera sean su naturaleza, cuando en conjunto muestran una cierta organización y coherencia.

Atendiendo a la ubicación geográfica de nuestra Provincia en el trozo del subcontinente donde se encuentra, puede decirse que ella le ha conferido algunas notas características y, tan propias, que no las comparte con región o provincia alguna dentro de la República Argentina.

La llanura tucumana recostada en la cadena montañosa del Aconquija (y en otras al norte de la misma) se beneficia del clima que ésta genera y la hace feraz, productiva, densamente irrigada y particularmente favorable como hábitat humano. En el mapa se muestra como un colgajo de la gran foresta amazónica que discurre al pie de dicha cadena montañosa y que aquí, deviene subtropical

A la vez, nuestra Provincia, desde sus origen fue paso obligado y estación de cambio y transferencia en el largo itinerario terrestre que unía la costa atlántica con el Alto Perú y continuaba hasta el Pacífico. Viniendo desde al sur, al final del recorrido, luego de atravesar el paisaje pampeano y chaqueño (el “desierto” como lo calificó la literatura argentina del XIX) el escenario que ofrecía Tucumán maravillaba a conocedores y extraños, como lo relataron muchos testimonios.

La cuestión no es menor, ni debe ser vista desde un punto de vista estrictamente paisajístico en tanto la riqueza que se percibía a la vista expresaba la disposición de este territorio para desempeñarse como el estímulo que vino a despertar tempranamente una vocación agro-industrial y sustentar a la población local que lo habitaba y aun de otras muy alejadas.

Esta doble condición (riqueza de recursos y meta en el camino e interfaz) fue la trascendente vocación que ha llegado hasta nuestros días. Fue capaz de moldear el carácter de sus habitantes, de su sociedad, sus iniciativas, su cultura, las investigaciones científicas iníciales y las actividades productivas y los servicios que prestaba y que aun continua cumpliendo.

Extensión territorial

Otra particularidad geográfica de Tucumán radica en la cohesión de su fisonomía territorial, que se advierte con facilidad dada su clara delimitación y la pequeñez de su extensión territorial (y la más alta densidad de población entre las provincias argentinas). El geógrafo Dr. Guillermo Rohemeder sostuvo que al encontrarse delimitada por diversos accidentes geográficos, poseía una entidad natural como un caso particular entre las otras provincias argentinas.

Se ofrece al entendimiento como un todo compuesto por distintos “paisajes” circunscriptos y complementarios. Este último aspecto, es para nuestra Provincia, una fortaleza antes que debilidad.

Somos habitantes de un escenario que facilita la interrelación entre las localizaciones humanas y económicas haciendo visible el comportamiento de todos los agentes productivos, grupos sociales y el compromiso respecto del territorio, en un claro ejemplo de “efecto-demostración”. Somos una microrregión, urbanizada y polarizada.

Tal como fue desde fines del XIX hasta algo más allá de la mitad del XX. Entonces, el aprovechamiento en escala de los recursos naturales, la utilización intensiva de la mano de obra y el necesario trabajo personal en casi todas las actividades, cómo fueron las distintas especialidades u operaciones en que se dividía el proceso agro-industrial y comercial de la nuestra principal actividad productiva, se apoyaba en una laboriosidad específica que a la postre se proyectó hacia la vida social hasta perfilar un modo de vida y de pensamiento particular en los distintos grupos o estratos sociales.

La variedad de grupos y clases así generada, a pesar de las manifiestas diferencias en la distribución de la riqueza, es también una fortaleza que hizo de la sociedad tucumana un caso de desarrollo relativo, industrial y cultural, respecto de otras zonas del país (el tema, en su momento, motivó diversos estudios como los que publicaron M. Murmis-C. Waisman y Silvia Sigal en la Revista Latinoaméricana de Sociología, números 69/2 y 70/1, respectivamente).

Luego, y hasta hoy, disminuidas las causas que promovieron lo anterior, grandes contingentes de población quedaron deslocalizados de sus hábitats anteriores y de sus formas específicas de trabajo y de vida. El resultado fue una intensa emigración hacia los grandes centros urbanos nacionales, como mostraron los censos entre 1960 y 80, mientras que en las últimas décadas ha predominado otra forma de movilidad, esta vez dentro del interior de la Provincia.

Asentamientos

Cuantiosa ha sido la multiplicación de asentamientos y de nuevos pobladores en la periferia urbana o en las áreas vacantes cercanas.

Para los años 70 un trabajo de consultoría para el Instituto Provincial de Vivienda y Urbanismo (R. Gómez López y R. Torres Zuccardi) estimó que la población en condiciones de marginalidad en el área metropolitana de Tucumán representaba al 7% del total de dicho aglomerado, manifestando ser un porcentaje muy significativo.

En cambio, 30 años después, otro estudio (Programa de investigación 26/B318 del CIUNT) estimaba con cifras del censo 2001 que el mismo fenómeno comprendía el 28,20% de la población del área metropolitana. Las políticas públicas en la Provincia nunca abordaron la cuestión atendiendo a los componentes que la estructuran, ni a sus causas y consecuencias. Sus propuestas nunca llegaron a obtener resultados de calado, ya que quedaron limitadas a la simplista y engañosa forma de hacer política para el no-desarrollo, como es el asistencialismo.

En el “centro-oeste suramericano” -como gustan decir los voceros de la integración del norte argentino y chileno, del oriente boliviano y el oeste paraguayo- se intenta configurar una macrorregión llamada a tener un destino promisorio y común para todas sus partes componentes, habida cuenta de su potencialidad, si es que pudieran concretarse las aspiraciones de los hombres de empresa que la propician (Geicos es la entidad que busca establecer un entendimiento de tal naturaleza).

Si bien construir una región de desarrollo es una tarea ímproba, como lo prueban los muchos intentos y sus correspondientes fracasos, acercarse a esta finalidad merece el intento.

Tucumán, tiene mucho que aportar en orden a tal propósito y, también, mucho que ganar. Se intuye que esta macrorregión, podría estimular el crecimiento de nuestras actividades económicas, sociales y culturales, pero para lograrlo se hace necesario instalar una política de estado. Sabemos, desde hace mucho, siguiendo el pensamiento de los regionalistas franceses, que las regiones nacen desde su centro.

Papel protagónico

Entonces, si tal aserto fuese certero, Tucumán, como centro tendría reservado un papel especial si es que se dispusiera a asumirlo por medio del necesario esfuerzo oficial y privado, en lo intelectual y material.

Para lo anterior será necesario revertir esa irreverente tradición, cuando no indiferencia, con que se ha abandonado el desarrollo local y provincial y también la cita con la región Noroeste, cuyo liderazgo desde hace décadas no se busca retomar.

Los esfuerzos propagandísticos oficiales, que se reeditan cada tanto, no pasan de ser un inconstante reclamo que no sabe, no puede o no quiere pasar a la formulación sistemática y metódicamente programada de tal desafío.

Tucumán, es sin dudas el centro urbano más importante de la región “centro-oeste suramericana”, y el que más lauros viene acumulando desde su despeje a fines del siglo XIX. Para nosotros, tucumanos, ello es muy claro.

Aún hoy, a pesar de la discontinuidad de nuestro proceso de desarrollo advertimos la trascendencia de las realizaciones de todo orden que prefiguraron a Tucumán como un “polo” de desarrollado a diferencia de otras zonas del interior argentino, que vieron estancadas sus posibilidades. Aquí hubo fortalecimiento económico y cultural; la utilización de la riqueza generada fue fructífera por la acción de diversas generaciones y grupos sociales.

Somos herederos de una tradición que se solaza en la acción y logros de la Generación del Centenario, en la de sus antecesores y sus continuadores; en los de las instituciones de las comunidades extranjeras; de las entidades gremiales de productores y trabajadores, etcétera.

El esfuerzo colectivo de la sociedad tucumana y de sus prohombres, durante la primera media centuria del XX se desenvolvió con intensidad y una claridad de fines, hasta que la llegada e instalación de una fuerte y autoritaria acción estatal absorbió y redireccionó toda la anterior actividad privada.

Contradicciones

Los efectos ideológicos, normativos y burocráticos de ese cambio populista perduraron más allá de la vigencia de sus mandatos de gobierno. Desde entonces, Tucumán, viene dejando ver las contradicciones que le han impedido lograr el cambio para el desarrollo.

En nuestro presente, transcurridos treinta y cuatro años del restablecimiento de las formas constitucionales, desde el histórico 10 de diciembre de 1983, en Tucumán, seguimos siendo participes de un proceso histórico cuyo final aun no podemos precisar. Sabemos que se caracteriza, entre otras cosas, por la presencia de la injusticia en nuestro orden social y la impotencia para llegar al desarrollo, pero en parte se mitiga, porque en medio de ellas no se apaga la esperanza de un destino mejor.

Se advierten signos alentadores que sugieren caminos. Nuestras mejores manifestaciones son las que subsisten por lo heredado desde tiempos mejores: cultura moderna, universidades, instituciones civiles, profesiones organizadas. Debemos sumar en esta hora otros reclamos, la búsqueda de un espíritu de solidaridad para superar carencias antes no valoradas o escondidas, respeto por la democracia y rechazo a la corrupción.

Podemos, en razón de los estándares predefinidos por la cultura moderna, conocer el umbral mínimo a superar y las demás condiciones para ubicarnos en la modernidad, en su estado esencial y necesario, cual es el desarrollo con equidad.

* Arquitecto y ex profesor de la UNT

Fuente: La Gaceta

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