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Martes 18 de septiembre de 2018

El corrupto patriarcado

Sección
Integración
Fecha
14 de mayo de 2018

Nélida Archenti *

Cuando la hegemonía del patriarcado comienza a debilitarse, los partidos políticos y sus dirigentes apelan a estrategias tramposas, ilegales, de corta duración para mantener los puestos de poder que se niegan a compartir.

Las políticas públicas orientadas a promover a las mujeres a los cargos de decisión política, en particular las legislaturas, siempre han sido percibidas como una amenaza por los partidos políticos. Estos, fieles a su origen patriarcal, vienen desarrollando, desde los años ’90, diversas estratagemas para esquivar lo que estas leyes les imponen: incorporar mujeres en las listas de candidatos.

Las fintas frente a las leyes de cuotas demostraron una prolífica imaginación en todos los países. En México sorprendió el caso de “las juanitas” cuando las mujeres electas renunciaron a sus cargos para dar paso a los varones candidatos suplentes. No menos curiosa fue la estrategia boliviana, al inscribir a los candidatos varones como si fueran mujeres que darían cumplimiento a la cuota, feminizando sus nombres. Así, los Marios pasaron a ser Marías y los Jorges, Jorgelinas.

El patriarcado no tiene fronteras en su accionar y los partidos no se distinguen en su accionar patriarcal. El patriarcado da cobijo a todas las ideologías.

Las leyes de cuotas van siendo reemplazadas por la paridad en los países latinoamericanos. Nueve países de la regiòn han sancionado normas paritarias. La paridad sube la apuesta por la igualdad, ya no se trata del 20,30 0 40 por ciento para las mujeres; sino que se establece el 50% para cada género en las listas electorales, en un orden secuencial y alternado.

Los representantes del patriarcado no se hicieron esperar. En 2017, la Justicia electoral bonaerense restringió la ley provincial de paridad de la Provincia de Buenos Aires, al supeditar la alternancia y secuencialidad entre los géneros al orden previsto en las listas de candidatos en las elecciones primarias. Un caso más reciente es el de Panamá, donde el Tribunal electoral, previo acuerdo con los partidos políticos, emitió un decreto modificatorio de la norma que establecía la paridad de género, vulnerando su obligatoriedad.

Otro debate vinculado a estas políticas surge del desconocimiento del carácter binario de los géneros, considerando también géneros a las personas LGTBIQ. La pregunta que se plantea es: ¿Debería asignarse una cuota de género en las listas de candidatos a la comunidad LGTBIQ?

El problema resulta de una excesiva complejidad, tanto para la filosofía política como para la práctica política misma. En medio de este intrincado debate sobre la diversidad, donde confluyen sexo, género y orientaciones sexuales, en las actuales elecciones mexicanas se estableció que para las personas transgénero, transexuales e intersexuales, en la postulación de las candidaturas, corresponde el género al que la persona autoadscribe, estableciendo de este modo un antecedente en la inclusión de estos grupos en las listas de candidatos.

Los partidos políticos mexicanos, ni lerdos ni perezosos, con la intención de que sus listas cumplieran con la ley de paridad, inscribieron 19 candidatos que afirmaron que sus preferencias sexuales adscribían al género femenino y solicitaban al Tribunal electoral su registro en dicho género con “total y absoluta discreción”. Extraña solicitud tratándose de un hecho público.

Hoy los medios están inundados con las denuncias, 17 de los 19 candidatos transexuales son heterosexuales y algunos de ellos van por su reelección.

Así, en los distintos países en cada acto eleccionario surge la violencia política de género, bajo diferentes máscaras, oculta tras argumentaciones con poco sustento, violencia institucional que se ejerce desde el poder y vulnera los derechos políticos de las mujeres.

El patriarcado siempre se ha considerado un sistema de dominación; hoy que su hegemonía comienza a debilitarse los partidos políticos y sus dirigentes apelan a estrategias tramposas, ilegales, de corta duración para mantener los puestos de poder que se niegan a compartir, vulnerando una vez más la igualdad entre los géneros.

En las elecciones argentinas de 2019, se aplicará por primera vez una ley nacional de paridad. Las listas deberán estar conformadas por 50% de varones y 50% de mujeres, en orden secuencial y alternado.

¿Qué trampolines utilizarán los partidos para zambullir a sus candidatos en las listas usurpando los lugares de las candidatas mujeres?

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