Región Norte Grande

Portal de Noticias para la Region Norte de Argentina.

Lunes 21 de octubre de 2019

Un oscuro, eterno presente

Sección
Opinión
Fecha
20 de septiembre de 2019

Carlos Gabetta*

La República Argentina es hoy un país cuasi mafioso. Con excepciones y matices, lo son la política, el sindicalismo, las corporaciones, el Estado y casi todos sus servicios, en particular los de inteligencia y seguridad. También la Justicia está afectada.

En las primeras décadas del siglo pasado, cuando trabajadores e intelectuales anarquistas, socialistas y comunistas echaban las bases de reivindicaciones de clase, la oligarquía liberal-conservadora argentina aún se inspiraba en la Ilustración y el Contrato Social. Fue así que se dieron progresos como la ley Sáenz Peña y la Reforma Universitaria. Desde 1884, ya existían leyes de matrimonio civil y educación pública laica, universal, gratuita y obligatoria.

La clase dominante podía permitirse esos lujos: Argentina era la sexta potencia comercial del mundo y solo la poblaban unos 10 millones de habitantes. Una suerte de enorme estancia exportadora, cuyos dueños pasaban el tiempo y se educaban en París y sus Luces, de las que pretendían seguir el ejemplo. Aquella burguesía parió incluso revolucionarios como Juan B. Justo, traductor de El capital de Karl Marx y fundador del Partido Socialista.

La corrupción era importante. En política, componendas, fraudes, represión. En economía, limitada a una pequeña clase y sus servidores y en un contexto de opulencia, no pesaba demasiado. Las obras públicas fueron los ferrocarriles y bellos y sólidos edificios; pensados para el futuro. Las universidades de entonces aún albergan a los estudiantes de un país que ha cuadruplicado su población y a miles de extranjeros.

El socialista Nicolás Repetto, otro hijo pródigo de esa burguesía ilustrada, resumió así el espíritu de la época: “El pasado ha muerto, el presente es fugaz; solo el futuro nos pertenece”. Discutible; pero en ese tiempo cada fugaz momento era un cóctel de luchas, intercambio, sueños y conquistas que, aun pequeñas, representaban un paso adelante. El futuro se mostraba al alcance de las mentes y manos que lo forjaban.

Hasta que en 1929 el mundo quebró. La población crecía y luchaba cada vez mejor por sus derechos. Espantadas, la oligarquía y la gran burguesía argentinas se traicionaron a sí mismas y hasta abandonaron sus pujos ilustrados. Si algo sintetiza ese giro y todo lo que anunciaba, es la foto del entonces joven oficial Juan Perón junto al coche del general Félix Uriburu, líder del golpe de Estado de 1930. Dos hijos pródigos; uno de la oligarquía otro “del pueblo”. Los dos militares…

Y aquí estamos. Desde 1930 el pasado ha muerto, el presente se ha hecho eterno y el futuro, esfumado. Este presente de casi noventa años fue, es, un compuesto de golpes militares, gobiernos “democráticos” populistas ineficientes y corruptos o liberal-conservadores tan corruptos como entonces, pero impotentes y devenidos analfabetos ilustrados. En medio, fugaces momentos de bonanza y progreso; las luchas y sueños revolucionarios de los 70 y, por fin, el Proceso, colofón sangriento de la decadencia política, ética y moral de la clase dirigente, las religiones y gran parte de la población.

La República Argentina es hoy un país cuasi mafioso. Con excepciones y, lo son la política, el sindicalismo, las corporaciones, el Estado y casi todos sus servicios, en particular los de inteligencia y seguridad.

También la Justicia está afectada. El todo es un tejido de intereses y complicidades; un paquete mafioso que desvirtúa la democracia representativa, devenida puramente formal. La ética y la moral vigentes pueden resumirse en los cambios de partido, el “borocotismo”, la impune exhibición de riquezas de imposible origen legal, el nivel del debate político y el triste “roban, pero hacen”. Antes de los 30 se robaba, pero el ocultamiento y la hipocresía eran un tributo a la moral que se pretendía vigente.

Sin resolver drásticamente y a fondo esta situación, los argentinos seguiremos sin avizorar el futuro. Ningún sector pudo, ni quiso, resolverla por sí solo. De allí este eterno presente. Pero el precipicio está a la vuelta de la esquina. Hora de sentarse a la mesa, encender las Luces que aún quedan y ponerse de acuerdo para atacar el problema.

*Periodista y escritor.

Buscador

Envíe esta noticia a un amigo

Puede enviar la noticia a varias personas separando las direcciones con comas.

Desarrollado por 27Sur