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Sábado 4 de julio de 2020

Tucumán: El mal olor, un problema recurrente en la capital provincial

Sección
Integración
Fecha
12 de febrero de 2020

Editorial *

Desde hace algunos años -difícil precisar cuántos- los tucumanos soportamos unos vahos pestilentes que se apropian del aire. En cualquier momento, en cualquier circunstancia, con cualquier clima. En esos momentos, cambia el humor de quienes están en las calles, se escuchan los reclamos y vuelve la pregunta: ¿de dónde sale ese olor?

Con el paso del tiempo, el problema se ha incrementado. De aparecer esporádicamente, sobre todo al anochecer, en las últimas semanas el olor nauseabundo se hizo presente prácticamente todos los días. Tanto es así, que algunos tucumanos hablan -no con poca vergüenza- del “olor a Tucumán”. Un perfume que nada tiene que ver con los azahares de agosto y que nos aleja cada vez más del “Jardín de la República”.

Este jardín huele mal y luego de indagar con insistencia, el Gobierno, a través de la Secretaría de Medio Ambiente, le explicó a LA GACETA en octubre de 2018 el origen de la pestilencia. Alfredo Montalván, titular del área, había asegurado que los residuos de la producción de azúcar (principalmente vinaza) que antes se echaban a las cuencas hídricas, ahora van a parar a los campos como fertilizantes. Y que cuando esa materia orgánica se descompone produce gases, y por un fenómeno meteorológico llamado inversión térmica, los olores no se escapan a la estratósfera y quedan “encajonados” en el Gran San Miguel de Tucumán. Es lo que se siente, de manera recurrente, en buena parte de los barrios de la capital, Banda del Río Salí, Alderetes, Las Talitas y Tafí Viejo.

“Nosotros creemos que en dos o tres años estos problemas se irán solucionando”, había dicho Montalván, quien había anticipado que se iba a generar energía quemando biomasa con vinaza. “Estamos convencidos de que lo que hoy padecemos con los olores por la fermentación de los compost va a desaparecer”, alentaba el secretario de Medio Ambiente de Tucumán. Para la misma época, la vicepresidenta del Ente de Turismo, Elena Colombres Garmendia, admitía que esta circunstancia nada grata le resta calidad a la experiencia de quienes vienen a conocer la ciudad histórica de los argentinos. Colombres Garmendia había dicho que el olor “en una primera impresión perjudica. Pero si nosotros los tucumanos explicamos el motivo del olor, la cosa cambia. La industria azucarera es uno de los pilares de la producción local y a Tucumán se lo identifica con la caña de azúcar, con los ingenios. Entonces, depende de cómo lo tomemos nosotros mismos: si lo presentamos como una debilidad y un pesar o como una característica de nuestra provincia”, había declarado. No faltaron quienes cuestionaron esa salida que había encontrado la funcionaria, cuando a todas luces se trata de un problema que de ningún modo es motivo de orgullo.

El tiempo ha pasado y, muy lejos de mejorar, el problema ha empeorado. Tanto por la frecuencia con la que aparece el olor como por el tiempo que persiste y por la intensidad con la que se presenta. Todo eso, sumado al eterno problema de las cloacas rebalsadas en distintos puntos y a los olores que salen de los desagües de las peatonales -por ejemplo- hace que Tucumán se vuelva irrespirable, además de vergonzante. Es imprescindible que las autoridades tomen cartas en el asunto, que apliquen todos los conocimientos, la tecnología y los recursos necesarios para solucionar estos problemas vinculados con algo tan básico como es el aire que respiran los ciudadanos.

* La Gaceta

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