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Martes 22 de mayo de 2018

¿Qué componente de las gaseosas puede ser más perjudicial que el azúcar?

Sección
Políticas Públicas
Fecha de publicación
12 de marzo de 2018

Se utiliza para endulzar bebidas, golosinas y otros alimentos, pero su consumo en exceso puede poner en riesgo la salud.

Las gaseosas, los jugos, las golosinas, las facturas y otros alimentos dulces son productos que tienen muchas características en común. Son ricos, sabrosos y tienen altos niveles de componentes que pueden resultar perjudiciales para la salud. Uno de ellos es el azúcar, ingrediente que tanto médicos como nutricionistas recomiendan consumir con moderación para evitar efectos adversos en el organismo.

Desde siempre se ha dicho que el azúcar es uno de los componentes de estos alimentos más perjudiciales para la salud. Sin embargo, hace tiempo se ha incorporado otro ingrediente que funciona y endulza de manera muy similar al azúcar y que puede tener severas consecuencias si se consume en exceso.

El jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF) es un endulzante que se elabora y procesa desde ese cereal. En la mayoría de los casos se lo incorpora a gaseosas, algunos jugos y golosinas, pero también se puede encontrar como ingrediente de ciertos yogures, alimentos de panadería -como tortas o facturas- y algunos embutidos.

Al igual que el azúcar común, está compuesto por fructosa y glucosa, aunque no en las mismas proporciones.

Hasta acá pareciera ser igual al endulzante tradicional, por lo que cabe preguntarse ¿por qué se reemplazó uno por el otro?. Para responder ese interrogante es necesario remontarse a la década del ´70 y a Estados Unidos. En aquel momento, el precio del azúcar regular subió en forma exponencial, mientras que el precio del maíz bajó debido a los subsidios que el sector recibía por parte del gobierno.

La materia prima que se utiliza para fabricarlo es el maíz, que usualmente se modifica genéticamente. En primer lugar el cereal se muele para producir almidón, que es el componente que al final se utiliza para obtener el jarabe de maíz.

Este jarabe consiste casi totalmente en glucosa. Para hacerlo más dulce y parecido en sabor al azúcar común, se le agregan enzimas para convertir parte de la glucosa en fructosa.

El JMAF tiene varios subtipos que varían en su composición y características endulzantes. El elemento que varía es la cantidad de fructosa que contienen. La forma más concentrada tiene un 90 % de fructosa y se denomina JMAF-90, aunque no se encuentra entre las más utilizadas en el mercado.

El tipo que se emplea con mayor frecuencia es el JMAF-55 (55 % de fructosa, 45 % de glucosa). Es una variedad muy similar a la sacarosa -azúcar común-, ya que esta última tiene 50% de cada componente.

Según un estudio realizado por el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado, el exceso en el consumo de JMAF aumenta el riesgo de desarrollar hipertensión. Esta patología puede provocar todo tipo de problemas de salud aumentando el riesgo de infarto, cardiopatías, derrame cerebral, etc.

A su vez, una investigación publicada en la revista “Environmental Health” indica que muchos alimentos comunes fabricados con jarabe de maíz de alta fructosa contienen mercurio. El estudio evaluó 20 muestras, de las cuales nueve contenían mercurio, lo cual agrega un factor de riesgo respecto del consumo de azúcar regular.

Al igual que el endulzante tradicional, el JMAF tiene un índice de glucemia elevado, un factor que incrementa en forma inmediata el nivel de azúcar en sangre y genera antojos constantemente. Es por eso que en el mundo se lo conoce como un gran generador de obesidad a nivel global.

El problema central del JMAF es que se encuentra presente en casi todos los alimentos y bebidas que tienen endulzantes calóricos agregados. Gaseosas, jugos artificiales, jugos de frutas endulzados artificialmente, postres, yogurts saborizados, y la gran mayoría de productos horneados y panificados, como así también en mermeladas y jaleas: todos ellos contienen jarabe de maíz de alta fructosa.

Actualmente, se ha registrado en todo el mundo un incremento de este componente en los productos “light” o dietéticos. Yogures y barritas de cereales, por ejemplo, son de los principales casos que prueban esta afirmación. El problema es que muchas de las personas que los consumen lo hacen precisamente para dejar de consumir azúcar, por lo que puede resultar doblemente perjudicial para ellos.

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