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Sábado 15 de diciembre de 2018

Misiones: Con residuos agroforestales buscan producir bioplásticos de uso médico

Sección
Economía
Fecha de publicación
8 de octubre de 2018

Hoy gobiernos y empresas del mundo miran hacia el desarrollo sustentable y la creación de productos que sean amigables con el medio ambiente. Es así que con la mira puesta en buscar una alternativa al plástico derivado del petróleo, se concreta el proyecto internacional ValBio-3D (Valorización de residuos de biomasa para materiales de alto valor agregado para bioimpresiones 3D) de investigación y desarrollo, que reúne a científicos latinoamericanos y europeos y que es comandado desde Misiones por María Cristina Area, ingeniera Química y doctora en Ingeniería Papelera.

“Lo que estamos buscando es aprovechar residuos agro y forestoindustriales para la producción de bioplásticos”, dice Area, quien además es investigadora independiente del Conicet y directora del Instituto de Materiales de Misiones.

“Es un proyecto internacional del que participan investigadores de Noruega, Alemania, Finlandia, Chile, Perú y nosotros por Argentina. Y me tocó ser la coordinadora general”, detalla sobre la investigación que arrancó en enero del 2017.

De esta manera, teniendo en cuenta que en la Argentina se consume el equivalente a 50 kilos de plástico por persona por año (la mitad del promedio de Europa y los Estados Unidos), el mercado para los bioplásticos es incipiente.

En la Unión Europea, en tanto, el 2 por ciento de los plásticos son bioplásticos y se prevé que en 2025 la cantidad se duplicará. Es así que a está iniciativa se la puede considerar pionera.

A su vez, los bioplásticos forman parte de lo que se llama “química verde” o “química sustentable”, porque permiten disminuir y, eventualmente, eliminar el impacto que tienen los plásticos tradicionales sobre el medio ambiente, dado que pueden estar cientos de años para degradarse.

¿Cómo es el trabajo que están realizando?

Estamos trabajando con aserrín de pino y con bagazo de caña de azúcar. Cada grupo dentro del proyecto tiene un rol y las materias primas con las que trabajamos en todos lados son misioneras. Aserrín de pino de aserraderos de aquí y bagazo de caña de azúcar que lo sacamos del ingenio de San Javier. Con eso preparamos la pulpa de base, se hace la nanocelulosa, se hacen análisis de citotoxicidad y estamos buscando producir algún elemento que vaya a estar en contacto con el cuerpo humano.

Y estamos viendo también la posibilidad de hacer materiales compuestos, por ejemplo con biopolietileno, o con PHB, que es otro bioplástico con nanocelulosa para hacer prótesis o algún otro elemento que puede ser de uso industrial o médico. Cada grupo está con un rol asignado.

Por ejemplo...

El grupo de Perú, por ejemplo, hace el análisis del ciclo de vida, si realmente es más amigable con el ambiente que el plástico derivado del petróleo. Se hacen ese tipo de análisis ambientales. Cada grupo con su rol particular.

¿Qué nivel de avance tiene la investigación?

El proyecto finaliza a fines del año próximo, hasta ahora hemos trabajado bastante con bagazo de caña de azúcar. Ya tenemos publicados tres trabajos sobre impresiones 3D de nanocelulosa de bagazo, hicimos análisis de citotoxicidad y encontramos las condiciones de producción del material de base para que no sea citotóxico, para que sea utilizado, por ejemplo, como vendas con antibióticos para tratar quemaduras de la piel y ese tipo de cosas. Notamos que se imprime muy bien la nanocelulosa de la pulpa de bagazo y hemos solucionado el tema de la citotoxicidad modificando cuestiones del proceso.

También estamos trabajando con aserrín de pino, pero todavía no lo publicamos. Este último es un proceso que es especial del grupo de Finlandia para que ver que sean productos compatibles con el organismo humano.

¿Cuántos investigadores conforman el grupo?

Los responsables de cada uno de los grupos que son seis y dentro de cada institución siempre hay una o dos personas más que participan.

¿Y la financiación de dónde viene?

Cada país financió la parte que correspondía al grupo de su país. En el caso nuestro, el financiamiento fue desde Ciencia y Tecnología de la Nación.

¿Se reúnen en un lugar físico para presentar los avances?

Sí. Nos reunimos dos veces al año, una vez en cada país. La primera fue en Perú, en marzo del año pasado, la segunda fue en Noruega en septiembre de 2017. La tercera en marzo de 2018 en Chile, la más reciente fue en Helsinki (Finlandia) y el año que viene vamos a tener, a fines de marzo, la reunión en Argentina, que la vamos a hacer en Puerto Iguazú. Y la última reunión del proyecto va a ser en Alemania donde vamos a hacer una exposición de todo lo logrado en algún evento para la industria.

¿Hubo alguna vez un trabajo similar en la zona o es pionero?

No, de esta forma no conozco que se haya hecho y menos con este tipo de materias primas.

Un gran logro

En resumen, el objetivo final del trabajo colaborativo es utilizar residuos agroindustriales, que generalmente son descartados e incinerados, para impresión 3D.

Para la investigadora se trata de una iniciativa con un gran potencial: “Las impresoras 3D generaron una enorme revolución y actualmente son capaces de producir todo tipo de elementos de diferentes tamaños, hasta prótesis. Que esos objetos estén hechos de materiales obtenidos a partir de recursos renovables será un gran logro”.

Incluso la responsable del proyecto destacó la importancia de la consolidación de esta iniciativa a través de la cooperación entre las principales instituciones de investigación europeas y latinoamericanas. También resaltó el estrecho trabajo con las industrias.

Mediante el desarrollo complementario de los distintos grupos, los investigadores confían en poder concretar nuevos materiales sustentables, completamente renovables y biodegradables, que permitan reemplazar a los que se utilizan actualmente, obtenidos a partir de derivados del petróleo.

Uno de los aspectos que está siendo evaluado por los investigadores es la citotoxicidad potencial de los materiales que tendrían aplicaciones en dispositivos biomédicos.

También se realizaron avances en la evaluación del ciclo de vida de los biocompuestos y los resultados de estos estudios que hasta el momento son alentadores.

Fuente: El Territorio

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