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Domingo 26 de mayo de 2019

Catamarca: La aventura de conocer algunos de los volcanes más altos del mundo

Sección
Turismo
Fecha de publicación
28 de enero de 2019

La Ruta de los Seismiles te acerca a cumbres majestuosas, a ruinas arqueológicas, paisajes increíbles y lagunas con flamencos. Pavimento.

¿Sabías que en siete horas podés llegar en auto desde Tucumán a las puertas del lugar que alberga ocho de los 20 picos más altos del mundo, entre ellos, el Ojos del Salado, el más elevado de los volcanes del planeta? La “puerta de acceso” a ese mundo está cerca de la localidad de Fiambalá, en Catamarca, fundada en 1702 y con unos 5.000 habitantes. Allí arranca lo que se ha bautizado “La Ruta de los Seismiles”, que es el tramo de la ruta 60 que llega hasta el límite con Chile, por el Paso de San Francisco. Se llama así porque en la zona (la segunda más alta del mundo después del Himalaya) los seis volcanes, todos de mas de 6.000 metros de altura. Pero no es sólo cuestión de récords.

En camino

Saliendo desde casa recorrerás unos 570 kilómetros por una ruta totalmente pavimentada que pasa por la capital catamarqueña. Si tu auto es naftero estándar, se calculan aproximadamente 57 litros de combustible. Una vez superada la ciudad de Catamarca, tenés que tomar con dirección a Chumbicha, Aimogasta y Tinogasta, hasta llegar a Fiambalá. Esta puede ser la mejor opción para pasar la noche , y, ¿por qué no? algunas más.

Por de pronto, en Fiambalá se cruza la Ruta 60 por donde transcurren las dos rutas turísticamente diseñadas: la del Adobe y la del Vino. Dentro mismo del pueblo también podrás disfrutar de su antigua arquitectura de adobe, del Museo del Hombre (donde se exhiben momias de más de 500 años de antigüedad, halladas en las cercanías) y de sus termas. Si ya descansaste como para tomar impulso, es tiempo de arrancar con la aventura.

Cuesta arriba

Son 197 kilómetros totalmente pavimentados, que podés hacer en un día, y durante los cuales se sube desde los 1.500 msnm hasta los 4.700, en los que está el límite con Chile.

Es un viaje que se puede hacer tranquilamente en el día, disfrutando del paisaje sin apuros. Hasta existe la posibilidad de zambullirse un rato en una terma que hay junto a la ruta (una alternativa a las tradicionales termas de Fiambalá).

En los primeros 12 kilómetros la ruta es ancha, y cruza una zona de vides y álamos. Pero luego se vuelve sinuosa y va en constante ascenso, enmarcada por paisajes coloridos y texturas casi desérticas. De todas formas, la pendiente es suave y los autos no se ven exigidos.

A medida que se asciende la vegetación se torna escasa; la fauna, en cambio, es variada: va desde flamencos y otras aves acuáticas hasta burros salvajes, pasando por guanacos. Cada tanto encontrarás espejos de agua que, según la intensidad y la ubicación del sol, serán verdes, azules o rojizos. No hay viviendas, sólo parajes desolados: en el llamado Guanchín hay restos arqueológicos de un pueblo diaguita habitado entre 700 y 800 años atrás. A los 65 km del recorrido, en el llamado Chaschuil, una vertiente llamada Agua de los Cangrejos, habitan unos crustáceos que sólo se encuentran en zonas acotadas de Sudamérica. La ruta sigue desde allá acompañando el río Chaschuil, muy apreciado por los, pescadores de truchas.

Aparecen “ellos”

En el km 122, a 3.400 m de altura, comienzan a verse los seismiles. El primero es el volcán Pissis, con la cumbre nevada aun en verano; y casi 30 km después, hacia el Oeste, ya aparecen las más altas cumbres, mientas que por el Norte al valle lo va cerrando la cordillera de San Buenaventura, límite geográfico austral de la Puna catamarqueña. Pocos kilómetros más adelante está el puesto de Gendarmería... y el final de la ruta argentina.

Fuente: La Gaceta

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