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Martes 22 de septiembre de 2020

Catamarca: Las ruinas de la fiebre del oro en el Salar del hombre muerto

Sección
Turismo
Fecha de publicación
12 de agosto de 2020

Es uno de los secretos mejor guardados de Catamarca. Las ruinas de la ambición humana se elevan en el Salar del Hombre Muerto. Son los restos arquitectónicos al costado de una mina que fue explotada por más de 500 años, por originarios, invasores y criollos. Todos ellos dejaron su huella y las ruinas de Incahuasi, como se conoce a este lugar, es el testigo de medio milenio de extracciones minerales.

El yacimiento de oro, según los historiadores fue explotado por tribus incaicas hasta aproximadamente el 1530. Cuando los jesuitas se asentaron en el lugar, se hicieron cargo de la mina hasta 1777, año en el que Rey de España los externó del país. Pasaron más de 150 años hasta que alguien volvió a explotar estos yacimientos. En 1936 la Nueva Compañía Minera Incahuasi reinicia la explotación horadando la montaña como nunca se había hecho hasta ese momento.

Las napas de agua en ese lugar se encuentran a 50 metros de profundidad. La empresa minera, valiéndose de ingeniosos métodos llegó a excavar a 200 metros de la superficie. Se hicieron 4 kilómetros de túneles en las entrañas de la montaña. La minera trabajó en El Salar del hombre muerto hasta 1958, extraía unos 900 kilos del oro diariamente hasta el día que dejó la zona. Cuando la empresa abandonó el lugar, llegaron hasta la zona cientos de los llamados “huaqueros”, algunos buscando restos arqueológicos que puedan venderse, otros alguna veta en la montaña que no haya sido descubierta. Al cabo de unos pocos años el lugar se convirtió en un pueblo fantasma.

Llegar hasta el lugar no es fácil pero vale la pena, está rodeado de un paisaje imponente y las fantasmagóricas ruinas, lo convierten en un lugar increíble, en la parte alta del cerro, y un poco al sur del grupo de instalaciones más modernas, se conservan en estado de ruinas, núcleos habitacionales con arquitectura de piedra y adobe, y una iglesia con paredes de aproximadamente un metro de espesor que correspondería a la ocupación jesuita durante parte del siglo XVII y XVIII.

Hay que tener cuidado al recorrer la zona, las ruinas están ubicadas a 4000 metros sobre el nivel del mar, eso hace que cualquier ejercicio, hasta caminar, se vuelva extenuante. Son varios los edificios por visitar y si es aficionado a la fotografía puede llegar a pasar varias horas en el lugar. Los pisajes, las derruidas casas coloniales y hasta las modernas construcciones son un agasajo para el espíritu de los aventureros que llegan hasta la zona.

En el lugar, con mucho cuidado, una buena linterna y, preferentemente, un guía, se puede recorrer los socavones abandonados. Siempre siguiendo las recomendaciones de mirar dos veces donde se va a pisar. Lo mejor de la excursión, es que usted puede alimentar sus sueños de gloria y riqueza. Según dicen en la zona es posible de encontrar piezas de cuarzo con láminas de oro visibles a simple vista. No obstante lo más seguro es que encuentre rocas con calcopirita una sustancia dorada que engaña a simple viste. No es oro, pero siempre sirve como una gran anécdota para contarle a sus amigos una vez que concluya esta imperdible aventura.

Fuente: elintransigente.com

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