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Sábado 16 de octubre de 2021

Norte Grande: provincias de la región están entre las de mayor índice de pobreza como consecuencia de desastres climáticos

Sección
Medio Ambiente
Fecha de publicación
4 de agosto de 2021

Un informe del Banco Mundial, denominado “Impactos de las crisis climáticas en la pobreza y la macroeconomía en la Argentina” señala las graves consecuencias del impacto del cambio climático en la economía argentina, principalmente por las pérdidas provocadas por inundaciones y sequías.

Las pérdidas de activos causadas por inundaciones se concentran en la región noreste y en la región pampeana. El valor de las pérdidas anuales promedio de activos es de entre USD500 millones y USD1400 millones en paridad de poder adquisitivo (PPA) (2015), con el valor base tomado de los datos obtenidos de Gridded Population of the World (GPW). Las pérdidas de bienestar caen entre USD1500 y USD3900 millones en PPA (2015).

La provincia de Buenos Aires experimenta pérdidas promedio de entre USD110 y USD650 millones en PPA por año y una media de USD350 millones en PPA (2015). Estas pérdidas representan entre un 20% y un 48% de las pérdidas

nacionales totales provocadas por inundaciones. A Buenos Aires le siguen Santa Fe, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Córdoba, que experimentan pérdidas anuales promedio de USD107, USD96 y USD61 millones en PPP por año, respectivamente.

La mayoría de las pérdidas anuales por inundaciones son causadas por inundaciones fluviales (ribereñas) que provocan alrededor del 70% de las pérdidas anuales promedio de activos. Las inundaciones fluviales se producen cuando el nivel del agua de un curso de agua aumenta y supera sus límites normales. Por el contrario, las inundaciones pluviales son el resultado de fenómenos de lluvias extremos que o superan la capacidad de la tierra de absorber el agua o desencadenan inundaciones repentinas. Varias provincias, si bien solo representan el 30 % de las pérdidas nacionales de activos por inundaciones, están significativamente expuestas a inundaciones pluviales.

Estas estimaciones de pérdidas son sensibles a los supuestos utilizados acerca de la exposición, que puede alterar las clasificaciones relativas de las provincias por pérdidas de activos.

El análisis de sensibilidad indica que la variabilidad de las pérdidas depende de los datos de entrada sobre la exposición, del tamaño de la cuenca de inundación y de la vulnerabilidad estructural. Si bien estas sensibilidades influyen en la magnitud de las pérdidas estimadas, no cambian el orden de las pérdidas provinciales, salvo en el caso de los datos de entrada sobre la exposición. Pasar a datos sobre la exposición de alta resolución aumenta las estimaciones de inundaciones en provincias mayormente secas en las que las poblaciones se concentran cerca de fuentes de agua, al tiempo que reduce las estimaciones en provincias más húmedas en las que las poblaciones experimentan con frecuencia el riesgo de inundación y donde es posible que haya habido más inversiones en protecciones estructurales contra las inundaciones.

Las pérdidas de activos incorporan el riesgo, la exposición y la vulnerabilidad frente a inundaciones. Las pérdidas de bienestar reflejan, además, características socioeconómicas. La resiliencia socioeconómica es la relación entre pérdidas de activos y pérdidas de bienestar, y describe la capacidad de los hogares de enfrentar las perturbaciones y recuperarse de ellas.

Una comparación realizada entre la exposición y la incidencia de pobreza indica que las poblaciones en ocho provincias soportan la doble carga de una alta incidencia de la pobreza y de la exposición a las inundaciones: Chaco, Formosa, Santiago del Estero, La Rioja, San Luis, Corrientes, San Juan y Salta.

Cabe señalar que dentro de estas provincias no podemos identificar de qué maneras las pérdidas por inundaciones afectan diferencialmente a las personas en situación de pobreza. Con los métodos que se establecen en el informe emblemático del GFDRR, Unbreakable, calculamos la distribución de pérdidas de activos en hogares representativos en función del ingreso y de las condiciones materiales de los hogares. De esta manera, evaluamos las principales vías por las cuales la pobreza se conjuga con las consecuencias de inundaciones en estas áreas, y podemos calcular las pérdidas de bienestar debido a las inundaciones.

Las pérdidas de bienestar son proporcionales a las pérdidas de activos por provincia, pero el orden de las provincias varía ya que las pérdidas de bienestar entre los hogares más pobres superan ampliamente el valor evaluado de sus pérdidas. Las pérdidas nacionales promedio de bienestar en el modelo base son de USD 2600 millones de 2015.11 Las provincias con mayores pérdidas de bienestar debido a inundaciones son Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Salta y Córdoba.

A su vez, la resiliencia socioeconómica se define como la relación entre pérdidas de activos y pérdidas de bienestar. Una baja resiliencia indica que las inundaciones tienen consecuencias importantes con respecto al bienestar de los hogares en las provincias más septentrionales.

Estas variaciones en la resiliencia pueden observarse a nivel provincial dentro del modelo examinando los cambios en la pobreza provocados por los desastres (que se describen en este trabajo como incidencia de la pobreza).

En el análisis base, en promedio, un 0,14% de la población nacional cae en la pobreza debido a inundaciones cada año, y en el caso de los eventos más importantes (los que se producen cada 100 años), el porcentaje de una provincia afectada que cae en la pobreza puede superar el 1,5%. Estas cifras pueden variar ampliamente según la provincia. Por ejemplo, Entre Ríos es la provincia que tiene la mayor incidencia anual promedio de pobreza como consecuencia de los impactos de desastres, en porcentaje de la población (0,15%). Detrás de Entre Ríos, las cuatro provincias con el mayor índice de pobreza como consecuencia de desastres son Chaco (0,10%), Santiago del Estero (0,10 %), Buenos Aires (0,08%) y Corrientes (0,08%).

Utilizando datos sobre transferencias sociales obtenidos de la encuesta de hogares, observamos que, en promedio, cada año, las pérdidas por inundaciones equivalen a un número que está entre un 1 % y un 18 % de los beneficios por transferencias sociales que reciben las personas elegibles para recibir dichas transferencias. Sin embargo, los promedios anuales ocultan el impacto de eventos de mayor magnitud, que pueden arrasar con casi todos los beneficios de las transferencias monetarias en muchas provincias (ver gráfico debajo).

Dado que esas transferencias sociales no se diseñaron para ayudar a los hogares a recuperarse de las inundaciones, esto sugiere que es posible que, en caso de perturbaciones, se necesiten nuevas transferencias. Se prevé que, a medida que se produzcan eventos de precipitaciones extremas con más frecuencia debido al cambio climático, habrá inundaciones de mayor magnitud más a menudo, lo cual podría representar un desafío para los sistemas de asistencia social actuales, ya que las pérdidas resultantes serían más reiteradas y podrían desbordar la asistencia social existente.

Impactos macrofiscales de las sequías y posibles respuestas fiscales

El sector agropecuario ha sido tradicionalmente uno de los motores del crecimiento económico argentino. Los suelos fértiles y el amplio territorio de la Argentina han constituido la base para que surgiera un fuerte sector agropecuario, que históricamente ha sido un factor impulsor clave del crecimiento.

El valor agregado agropecuario representó un promedio del 8,7% del PIB entre 2010 y 2019 y un promedio del 60 % de las exportaciones, incluidos tanto productos primarios como manufacturas agropecuarias, los que constituyen una fuente principal de ingresos externos. La cadena de valor de la agroindustria contribuye de manera significativa al empleo, con 2 de cada 10 puestos de trabajo en el sector privado, en 2018. El sector primario representa un 38% de los puestos de trabajo en el sector agroindustrial, seguidos de los sectores de comercialización (26%), agroprocesamiento (23%) y transporte (7,5%).

Los eventos climáticos que afectan la producción agropecuaria tienen efectos negativos en la estabilidad macroeconómica. La menor producción agropecuaria impacta directamente en las exportaciones y el crecimiento económico. Además, teniendo en cuenta que esa producción es una fuente importante de recursos externos, estas perturbaciones ejercen presión sobre el tipo de cambio y afectan la estabilidad financiera.

Por ejemplo, la grave sequía que sufrió la Argentina a principios de 2018 tuvo un impacto directo en la economía al causar más de la mitad de la caída de la actividad económica de ese año, cuando el PIB cayó un 2,5 % impulsado también por la conmoción financiera y la depreciación del peso que se produjo desde abril de ese año.

La recesión económica comenzó en el segundo trimestre, cuando la producción agrícola cayó un 32% anual debido a la grave sequía y, del lado de la demanda, las exportaciones se contrajeron más del 8% (también anual). El aporte de la agricultura al crecimiento en otros años de sequía también fue negativo, principalmente en la campaña 2008/2009 (y en el contexto de la crisis internacional que también afectó los precios de las exportaciones), donde representó más del 40% de la caída de 2009, y en 2012, donde representó casi el 80 % de la recesión.

Análisis econométrico de los impactos de las sequías en el producto bruto provincial (PBP) y en los ingresos fiscales

La Argentina es un país grande y diverso, y sus provincias difieren ampliamente en cuanto a su exposición a las crisis climáticas y al impacto que estas tienen en ellas. Las condiciones climáticas afectan de manera diferente la actividad económica de las provincias, de acuerdo con su estructura productiva.

Según el Censo Nacional Agropecuario de 2018, la superficie implantada total fue de más de 37,4 millones de hectáreas, de las cuales casi el 70% se relacionaba con oleaginosas y cereales, y más del 21% con cultivos de forrajeras. Los cultivos industriales, las frutas y las verduras y los bosques implantados representaron alrededor del 3% cada uno. Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe concentran más del 65 % de la superficie implantada total y, al mismo tiempo, más del 75% de su área implantada se concentra en cereales y oleaginosas (principalmente, soja, maíz y trigo). Otras provincias,como Misiones, Jujuy y Tucumán concentran su superficie implantada en cultivos industriales, mientras que un tercer grupo encabezado por Mendoza, La Rioja y San Juan se concentra en frutas.

Los efectos de las crisis climáticas en las provincias se concretan a través de distintos mecanismos. Por un lado, afectan el crecimiento provincial, tanto directamente al reducir la producción agrícola como de manera indirecta, dados los encadenamientos hacia atrás y hacia adelante con otros sectores de la economía (transporte, comercio).

La reducción de la producción agrícola también afecta las cuentas fiscales subnacionales, tanto por la menor cantidad de ingresos fiscales propios debido a la disminución de la actividad económica local como por los menores ingresos federales: si bien los impuestos a las exportaciones no se distribuyen a las provincias, la caída en la actividad económica también impacta en la recaudación de impuestos a nivel federal, principalmente, el IVA y el impuesto a las ganancias (que sí se distribuyen parcialmente entre las provincias). Por último, las crisis climáticas también afectan la economía provincial al provocar una caída en las exportaciones de productos primarios, pero también de las manufacturas de origen agropecuario (MOA).

Las sequías parecen ser eventos especialmente disruptivos, con un efecto no lineal en el PBP. El impacto promedio de la producción sobre el PBP estimado más arriba puede encubrir asimetrías resultantes de la gravedad de la sequía. En la campaña 2017/2018, por ejemplo, la disminución en la producción agrícola de cinco provincias consideradas en conjunto (Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Santiago del Estero) fue del 18%, y tuvo como consecuencia una caída del 1,4% en su PBP consolidado (de una caída del PBP consolidado del 3%). La caída en la producción agrícola de Entre Ríos representó más del 100 % de la caída en el PBP (se calcula que el impacto de la producción agrícola en el PBP fue del 3,3% con una reducción del PBP total de 2,7%), mientras que los aportes al crecimiento en Santa Fe (73%), Buenos Aires (56%) y Santiago del Estero (36%) fueron significativamente menores.

El impacto de las sequías también se refleja en las exportaciones, ya que el sector de las oleaginosas es uno de los que más exportan. El sector de las oleaginosas, por ejemplo, que representa más de un tercio del total de las exportaciones de la Argentina, redujo en 2018 sus ventas al exterior en un 13% con respecto a 2017, en una de las sequías más graves de toda la historia. El valor total de las exportaciones de productos primarios disminuyó un 5,4%, ya que la caída en las cantidades (11,2%) se compensó parcialmente con un aumento en los precios. Los aumentos en los precios también compensaron la caída en cantidades de manufacturas de origen agropecuario (MOA) exportadas, ya que los precios crecieron un total de 1,5% mientras que las cantidades cayeron un 5%. Las regresiones lineales muestran la relación significativa entre las exportaciones provinciales y la producción agrícola.

Considerando las 5 provincias juntas, un aumento (disminución) de 10 pp en la producción de cereales y oleaginosas produce un aumento (disminución) de 5,3 pp en las exportaciones provinciales. Aquí también existe heterogeneidad provincial, desde un impacto de 2,5 pp en Córdoba y de 3,3 pp en Entre Ríos hasta 4,2 pp en Buenos Aires y 8,2 pp en Santiago del Estero.

Una de las consecuencias de la reducción de la producción agrícola es la contracción de los ingresos por impuestos, tanto provinciales como nacionales. En el ámbito nacional, el principal efecto fiscal directo de las sequías se relaciona con los impuestos a las exportaciones debido a la reducción en las exportaciones agrícolas.

En el ámbito provincial, provocan efectos fiscales los impuestos locales, en especial el impuesto sobre los ingresos brutos, que es la principal fuente de ingresos provinciales y que se ve afectado por la reducción de las bases imponibles. Además, la reducción del ingreso nacional procedente del IVA y del impuesto a las ganancias de actividades agropecuarias también afecta a las provincias a través del sistema de coparticipación.

Las regresiones lineales entre estas variables reflejan relaciones positivas y significativas entre los ingresos tributarios totales y la producción agrícola para el total de estas provincias. De acuerdo con estas estimaciones, un aumento (disminución) de 10 pp en la producción agrícola implicaría un aumento (disminución) de 0,6 pp en el crecimiento de los ingresos totales. Una vez más, la alta volatilidad de la producción agropecuaria provoca que el impacto promedio de esta variable sea alto. En la campaña 2017/2018, esto implica que la producción habría contribuido a alrededor del 16 % de la caída general de los ingresos tributarios en esta región (-7,3% en 2018). Aun así, las regresiones para cada provincia específica no muestran efectos significativos de la producción en los ingresos tributarios totales.

La falta de precipitaciones parece ser un factor importante en el déficit de ingresos en el total, con resultados mixtos en cada provincia. Como en el caso del PBP, intentamos otra especificación para comprender mejor los aspectos no lineales que surgen de la gravedad de las sequías, que, de otra manera, podrían quedar ocultos dentro del efecto promedio. En este caso, efectuamos una regresión de los ingresos tributarios totales sobre el PBP (en lugar de hacerlo sobre la producción agrícola) y nuestra variable “proxy” de sequía. En este caso, hallamos una relación significativa y positiva entre el PBP y los ingresos tributarios, así como un efecto negativo y significativo de la variable de sequía en los ingresos, lo que significa que, si la producción de las cinco provincias resultara afectada por menores precipitaciones, la tasa de crecimiento de ingresos se reduciría en 0,044 pp.

Ver informe completo Informe Banco Mundial

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