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Sábado 4 de diciembre de 2021

Economía: el repunte de la actividad post-COVID parece haber encontrado un techo

Informe del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala

Sección
Economía
Fecha de publicación
15 de octubre de 2021

El repunte de la actividad económica post-COVID parece haber encontrado un techo. Esto fundamentalmente obedece al magro repunte que se observa en el consumo, sumado al freno que se observó en lo que va del año en la inversión, tras el fuerte repunte que había mostrado en la segunda parte del 2020.

Aun así, el gobierno ajustó al alza la estimación del crecimiento de este año al 8%, que fue convalidada por el mercado según el relevamiento de expectativas de septiembre, publicado recientemente por el BCRA. Esta aparente contradicción en realidad está explicada por el fuerte arrastre que dejó el repunte de la actividad en la segunda parte del 2020 y principios de este año, que es, precisamente, del 8%.

Por otro lado, los datos correspondientes al segundo trimestre de 2021 muestran una caída en la cantidad de personas desocupadas, tanto respecto del trimestre anterior como respecto de la pre-pandemia. Sin embargo, esta caída se explica por el aumento en la cantidad de personas inactivas y no por un crecimiento del empleo, que se frenó luego de tres trimestres de recuperación sostenida y se mantiene 92 mil puestos abajo del II-19. El hecho de que la transición haya sido desde la desocupación hacia la inactividad (y no desde el empleo hacia la inactividad) podría estar indicando también la –preocupante presencia del “efecto desaliento”

El INDEC también publicó el indicador de pobreza correspondiente al primer semestre del año: el 40,6% de las personas no contó con ingresos suficientes para costear la canasta básica total. Esto representa un descenso de 1,4p.p. respecto del semestre anterior, cuando la pobreza alcanzó al 42%. Se trata de una reducción magra, si tenemos en cuenta que entre un semestre y otro hubo, en promedio, 862mil personas más empleadas (+7,7%). Es decir, la recuperación parcial del empleo no fue suficiente para lograr una caída más significativa de la incidencia de la pobreza. La aceleración inflacionaria del primer semestre de 2021, especialmente en los alimentos, que puso en jaque la recuperación de los ingresos reales –tanto laborales como no laborales-, aparece como la principal limitante para una mejora sustancial del indicador.

Tras la derrota electoral, el presupuesto quedó en el foco de las discusiones internas del gobierno. La pregunta que surge por estos días es si en los cuatro meses que restan del año es posible incrementar en 3 puntos porcentuales el déficit primario, tal como lo definió la nueva proyección oficial y proponía la vicepresidenta en su última carta. De 2015 a la fecha, solo en un año se profundizó el déficit en esa magnitud entre septiembre y diciembre y fue en 2017, con la diferencia de que en aquel entonces el impulso sobre el gasto primario vino principalmente del gasto previsional producto de los pagos extraordinarios de la Reparación Histórica, un efecto ausente en 2021.

Una de las claves podría ser acelerar el gasto en inversión pública. En los últimos años el grado de ejecución del gasto de capital para el mes de agosto ronda en el 62%, por lo que el valor de 34% que se observa en 2021 resulta más que llamativo.

Otra posibilidad es que el déficit primario termine ubicándose en un nivel (bastante) más bajo que el proyectado. Esta hipótesis cobra relevancia al analizar las necesidades de financiamiento del mismo. Con datos a agosto de 2021, el déficit financiero llevaba acumulados -2% PBI, de los cuales 0,7% se explicaron por financiamiento monetario. De cumplirse las proyecciones para el cierre del presupuesto 2021, queda como un escenario a definir el financiamiento adicional por otro 3,4% PBI entre septiembre y diciembre. Este escenario base implicaría necesidades de emisión por 2,8% del PBI, que a primera vista lucen muy exigentes para la estabilidad cambiaria.

Los interrogantes que se abren en este punto nos llevan a pensar no solo si es posible mantener fuentes de financiamiento para esta magnitud de déficit, sino también en qué medida un resultado primario casi sin signos de mejoría y que ni siquiera parece lograr un impacto positivo sobre la actividad es consistente con un eventual acuerdo con el FMI.

Siempre nos quedará el arrastre

El repunte de la actividad económica post-COVID parece haber encontrado un techo. Según nuestro Indicador Mensual de Actividad económica (IMA), en agosto la economía se incrementó 0,3% respecto a julio, consolidando el amesetamiento en torno a los niveles alcanzados en los meses previos al ASPO 2020. Esto también se verifica en la industria, con el dato de agosto recientemente publicado por el INDEC (-0,6% mensual en términos desestacionalizados).

Esto fundamentalmente obedece al magro repunte que se observa en el consumo, sumado al freno que se observó en lo que va del año en la inversión, tras el fuerte repunte que había mostrado en la segunda parte del 2020. En efecto, en agosto del 2021 el consumo medido por el Indicador Mensual de Consumo (IMC) se incrementó 0,6% mensual, y se ubica 2,3% debajo de los niveles prepandemia, mientras que nuestro Indicador Mensual de la Inversión (IMI) mostró una caída del 1,2% mensual en julio, reflejando el estancamiento de este componente.

Aun así, el gobierno ajustó al alza la estimación del crecimiento de este año al 8%, plasmado en la reciente presentación de las proyecciones del Presupuesto 2022, y convalidadas por el mercado, ya que el Relevamiento de las Expectativas del Mercado (REM) con los datos de septiembre que acaba de publicar el BCRA muestra que el TOP-10 de las consultoras ajustaron 0,5 p.p. al alza su estimación (de un promedio de 7,3% a 7,8%). Esta aparente contradicción en realidad está explicada por el fuerte efecto de arrastre que dejó el repunte de la actividad en la segunda parte del 2020 y principios de este año, tras la salida de la cuarentena estricta provocada por la pandemia. En efecto, el arrastre al primer trimestre de 2021 es, precisamente, del 8%.

Fuente: Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala

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