El 22 de mayo de 2022 quedó marcado como una fecha simbólica dentro del proceso de integración regional del norte argentino. Días antes, el Senado de la Nación había aprobado por unanimidad el proyecto que reconocía formalmente el Tratado Interprovincial de creación de la Región Norte Grande Argentino, integrada por diez provincias del NOA y el NEA, dando así un fuerte respaldo político e institucional a una construcción federal que llevaba décadas gestándose.
La iniciativa fue impulsada en el Congreso por el senador chaqueño Antonio Rodas, quien defendió el proyecto como una herramienta para “repensar el país” y terminar con las históricas asimetrías entre el centro y el norte argentino. Durante el debate parlamentario, sostuvo que era necesario “romper centralismos que mucho daño han ocasionado al norte”.
El reconocimiento legislativo retomó un camino iniciado formalmente el 9 de abril de 1999, cuando las provincias firmaron en Salta el Tratado Parcial Interprovincial de Creación de la Región Norte Grande Argentino. Más tarde, en 2004, se aprobó el estatuto regional mediante una Asamblea de Gobernadores.
La región quedó integrada por las provincias de Catamarca, Chaco, Corrientes, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Santiago del Estero y Tucumán. El objetivo central del tratado fue consolidar un esquema de integración económica, social y política entre los estados provinciales, coordinando políticas públicas y promoviendo proyectos de interés común.
Los fundamentos del proyecto estuvieron apoyados en los artículos 124 y 125 de la Constitución Nacional, que habilitan a las provincias argentinas a crear regiones para el desarrollo económico y social y a celebrar tratados parciales para fines de utilidad común.
Durante el tratamiento parlamentario también tomó relevancia la intervención del senador tucumano Pablo Yedlin, quien señaló que el Norte Grande debía entenderse como una “puerta de salida al Pacífico” y como una plataforma estratégica para el desarrollo argentino.
La creación institucional del bloque regional fue acompañada por los gobernadores del norte argentino y respaldada políticamente por el entonces jefe de Gabinete Juan Manzur, quien meses después afirmaría que “la inserción de la Argentina al mundo llegará desde el interior”.
Además de sus objetivos políticos, el Norte Grande nació con una fuerte impronta económica y estratégica. El bloque reúne más del 30% del territorio nacional y cerca del 22% de la población argentina, con una matriz productiva vinculada a la minería, la agroindustria, la energía, el turismo y el comercio regional.
Una construcción histórica: décadas buscando una voz común
Mucho antes de la formalización legislativa, las provincias del NOA y del NEA ya compartían una sensación común: la de habitar una Argentina periférica, muchas veces relegada frente al peso económico y político del centro del país.
Durante décadas, gobernadores, legisladores, empresarios y universidades del norte insistieron en la necesidad de construir una agenda regional capaz de equilibrar las profundas desigualdades estructurales. El reclamo por tarifas diferenciales, infraestructura, rutas bioceánicas, energía, conectividad y desarrollo industrial fue moldeando lentamente una identidad política común.
La historia del Norte Grande no comenzó en un despacho legislativo. Nació en las rutas largas del interior, en los trenes que dejaron de pasar, en las economías regionales golpeadas y en las provincias que entendieron que solas difícilmente podrían disputar recursos y protagonismo nacional.
Desde fines de los años ochenta comenzaron los primeros acuerdos de integración. Más tarde llegaron las mesas técnicas, los foros regionales y las cumbres de gobernadores. El proceso atravesó distintos gobiernos nacionales y sobrevivió a cambios políticos porque respondía a una necesidad más profunda: construir federalismo real.
Con el tiempo, el Norte Grande dejó de ser solamente una categoría geográfica para convertirse en una idea política. Una idea sostenida sobre la convicción de que el desarrollo argentino no podía seguir concentrándose únicamente alrededor del puerto y del área metropolitana.
Cada encuentro regional fue consolidando una narrativa compartida: la de un norte con recursos estratégicos, enorme riqueza cultural y potencial productivo, pero también con indicadores sociales históricamente postergados. La integración apareció entonces como una herramienta de defensa colectiva y también como una oportunidad histórica.
El reconocimiento legislativo de 2022 representó, para muchos dirigentes del norte argentino, la validación institucional de una lucha de más de tres décadas. Un punto de llegada, pero también un punto de partida para una región que todavía busca equilibrar asimetrías y ocupar un lugar más central dentro del proyecto nacional argentino.
